Amalia Granata detalló que su profunda conexión con la religión evangélica se consolidó en un momento de cambio personal y de reevaluación de su vida, tras separarse de Guillermo y mientras criaba a sus mellizos.
Un llamado de una conocida, esposa de un amigo de la juventud, la invitó a una iglesia evangélica, donde encontró una dinámica y un mensaje que la impactaron profundamente. Si bien se consideraba católica y tenía una relación con Jesús desde niña, la intensidad y la forma de predicar en la iglesia evangélica pentecostal la conmovieron de tal manera que la transformó.
Describe la experiencia como un "desnudamiento del alma" que la ayuda a sanar heridas y a tener una nueva perspectiva de sí misma y de la vida, lo que considera un cambio radical y positivo.