La selección argentina funciona como un poderoso foco de identificación colectiva en un contexto social donde predomina el individualismo.
El fútbol, como parte integral de la cultura argentina, permite a la sociedad reencontrarse y generar un sentido de pertenencia, especialmente en momentos de carencias y falta de buenas noticias en otros ámbitos.
Los discursos individualistas, impulsados desde el poder, tienden a disgregar el tejido social, mientras que la selección representa la necesidad innata de integración y cohesión grupal.