Un informe revela un esquema de lavado de dinero que involucra a empresas fantasmas y operaciones comerciales, financieras, compra de bienes de lujo, inversiones inmobiliarias, transferencias informales de valor y criptomonedas. El fenómeno se extiende más allá de la relación entre Estados Unidos y México, con actividades similares documentadas en Brasil, Canadá, Chile, Paraguay y el Caribe.
En Brasil, se desarticuló una red de distribución de productos electrónicos, presuntamente vinculada al Primer Comando Capital, que habría lavado más de 190 millones de dólares en siete meses. En Canadá, se analizaron transacciones de banca clandestina con patrones similares y transferencias desde China y Hong Kong, que luego se distribuían mediante operaciones inmobiliarias y compras de lujo.
Lazarus aclaró que no hay evidencia pública de control directo del Partido Comunista Chino sobre estas operaciones, pero Beijing tiene la capacidad de actuar. Como ejemplo, se recordó una investigación en China sobre una red de lavado vinculada al cartel de Sinaloa, demostrando la voluntad política para intervenir.
Se recomendó a Washington que priorice este tema junto al comercio bilateral, aranceles, minerales críticos e inteligencia artificial, exigiendo resultados concretos en la persecución de banqueros clandestinos y operadores cambiarios ilegales. Se advirtió sobre la convergencia entre el crimen organizado latinoamericano y las redes financieras clandestinas chinas.