Se relata que, a pesar de la muerte de Silvina Luna, muchas personas continuaban asistiendo a tratamientos estéticos en una clínica, incluyendo hombres que se realizaban operaciones en el rostro y pectorales, como Mariano de la Canal.
Se destaca la aparente incredulidad de mujeres adineradas ante las noticias, prefiriendo creer en la versión de Majo, lo que genera un debate sobre la irresponsabilidad y la posible culpabilidad de la persona a cargo de la clínica, a quien se califica de "asesino en serie".