Se expresa preocupación por la posible deslegitimación de la política en general a raíz de casos de corrupción como el de Jessica Sirio, y se advierte contra la contribución a la desesperanza en un contexto de crisis económica.
Se defiende la importancia de la política como herramienta de cambio y se rechaza la idea de que los casos de corrupción justifiquen la desilusión generalizada, abogando por referentes políticos con integridad.