A una década del referendo del Brexit, el Reino Unido atraviesa un período de desencanto y frustración con la salida de la Unión Europea. A pesar de las promesas iniciales, la retórica del 'Global Britain' se ha diluido ante las crisis globales, y el país se enfrenta a la realidad de que su seguridad y mercado dependen geográficamente de la UE.
El profesor Camilo Tamayo Gómez señala que el Reino Unido ha aprendido una lección sobre la dificultad de separarse completamente de la UE, manteniendo una dependencia política, económica y geográfica. Se observa una "reconexión silenciosa" a través de acuerdos comerciales y bilaterales en educación, evidenciando la timidez del Reino Unido para abordar la cuestión de un posible regreso al bloque.
La salida del Reino Unido también ha fortalecido internamente a la Unión Europea, que ha aprendido a manejar la ansiedad de perder un miembro importante y ha logrado cohesionar a los países restantes. Sin embargo, el Brexit ha generado dudas sobre el proyecto europeo en sí, y la posibilidad de que otros países consideren abandonar el bloque.
En cuanto a la cohesión interna del Reino Unido, Escocia e Irlanda del Norte votaron mayoritariamente por permanecer en la UE. Si bien el Brexit ha debilitado la unidad interna, la desintegración total no se ha producido, manteniendo una tensión latente entre los cuatro países que conforman el Reino Unido.