Se analiza la imagen pública de Martín Insaurralde, mostrando fragmentos de entrevistas donde se presentaba como un hombre auténtico y fiel a sus principios.
En una entrevista con Fantino, Insaurralde afirmaba ser su propio jefe de campaña y actuar guiado por el corazón, buscando la verdad y el cambio.
Se cuestiona si esta autenticidad era real o parte de una estrategia de campaña, especialmente considerando su posterior desaparición mediática tras el escándalo y su rol como protegido de Cristina Kirchner.