El diácono Harmon se presenta ante el reverendo Alden (Robert) y expresa su deseo de hablar con su esposa. La Sra. Olsen interrumpe, indicando que su esposo, el Sr. Olsen, está esperando y que ella y el reverendo Harmon tienen asuntos de la iglesia que discutir.
Russell, quien parece ser un amigo o colega de Robert, llega inesperadamente. Le revela a Robert que ha venido porque el sínodo general le envió un telegrama sobre un asunto delicado relacionado con la Sra. Olsen y la iglesia. Russell pregunta a Robert si ha cambiado, a lo que Robert responde que no, reafirmando sus principios y fe. Sin embargo, Robert le informa a Russell que está comprometido y a punto de casarse.
Russell le dice a Robert que, aunque las acusaciones de la Sra. Olsen son "vil basura", si se hicieran públicas, el escándalo sería muy perjudicial. Le plantea a Robert la difícil situación de tener que elegir entre su iglesia y la Sra. Craig si no logra que la Sra. Olsen olvide los cargos.
Harriet, una figura del pasado de Russell, aparece y le reprocha haber roto su compromiso hace 23 años. Russell explica que en ese momento sintió que no podía servir a dos amos: el matrimonio y el ministerio, y que creyó que su elección era lo mejor para ambos. Harriet le pregunta si él nunca se casó, a lo que él responde que no. Harriet está preocupada por la situación del reverendo Alden y la Sra. Craig, y Russell le asegura que Robert Alden es un hombre honorable, pero que incluso el justo puede flaquear. Le pide a Harriet que no lo castigue por sus errores pasados y le dice que la decisión final sobre si Robert puede ser feliz con la mujer que ama está en sus manos.