Se debate sobre la figura de Gaspi tras su muerte, cuestionando si se le puede catalogar como libertario y criticando comentarios desafortunados de otras figuras públicas como Martín Sirio.
Se critica la apropiación de la figura de Gaspi por parte de diversos sectores y se reflexiona sobre la idea de que los talentos fallecidos son reivindicados póstumamente.
Se resalta el talento de Gaspi como creador de contenido y su capacidad para conectar con la audiencia, a pesar de las críticas que recibió por su estilo.
Se menciona la controversia sobre si el Estado debería hacerse cargo de los gastos funerarios de Gaspi, dada su popularidad e influencia.