Se detalló la iniciativa de Manuel Belgrano para crear la escarapela nacional celeste y blanca, como un símbolo de unidad para los ejércitos revolucionarios frente a los realistas.
Belgrano, preocupado por los distintivos que dividían a los cuerpos del ejército, solicitó la creación de una escarapela nacional y, ante la falta de una respuesta oficial inmediata, decidió avanzar creando una bandera con los mismos colores el 27 de febrero de 1812 en Rosario.
Aunque el triunvirato inicialmente exigió ocultar la bandera, la decisión de Belgrano impulsó su difusión. La bandera celeste y blanca flameó por primera vez en Buenos Aires el 23 de agosto de 1812 y, tras la victoria en la batalla de Tucumán, fue enarbolada en el fuerte de Buenos Aires.