Janina Leli se define como "rompeportones" y se muestra abierta a explorar su sexualidad sin tabúes, afirmando que todo es válido cuando hay amor y deseo.
Confiesa que le excitan los hombres como el entrevistador y que está dispuesta a probar "todo, todo", sin restricciones.
Esta actitud desafiante y su aparente desinhibición la consolidaron como un ícono de la televisión de los 90, alimentando la fantasía del público.