La escasez de agua en Medio Oriente es un factor de tensión entre países vecinos y una herramienta de poder. Israel, por ejemplo, restringe el suministro de agua a Gaza y Cisjordania, limitando el acceso a este recurso vital.
En Gaza, la falta de agua se agrava por el daño a sus pocas plantas de desalinización y la escasez de combustible para operarlas. La situación pone de manifiesto cómo el control del agua se utiliza como estrategia de poder en la región, afectando directamente a las poblaciones palestinas.