Las infraestructuras hídricas se han convertido en vulnerabilidades estratégicas a nivel militar, especialmente en los países del Golfo. La reciente guerra sobre Irán ha expuesto la fragilidad de las plantas de desalinización, que son cruciales no solo para el suministro de agua sino también para la generación de electricidad.
Estos países, que antes confiaban en bases militares y aeropuertos para su defensa, ahora deben proteger sus infraestructuras hídricas, cuya destrucción podría desestabilizar al gobierno y generar descontento social. Se plantea la necesidad de que el paraguas militar también abarque la protección de estas instalaciones vitales.