El gobierno de Javier Milei intenta utilizar eventos como el Mundial para desviar la atención de los escándalos internos, como el caso Adorni, pero sin éxito, ya que la repercusión mediática de los problemas de gestión es mayor.
Se señala que, incluso con la actuación destacada de Lionel Messi, el foco se mantuvo en las polémicas del gobierno. La estrategia de "subirse a un escándalo" para tapar otro evidencia la falta de rumbo y la crisis que atraviesa el oficialismo, tanto en lo político como en lo económico.