Gerardo Romano describió cómo enfrenta el Parkinson, enfermedad que le fue diagnosticada, mostrando una notable resiliencia y determinación para continuar con su vida y su carrera actoral.
A pesar de la gravedad de la enfermedad, Romano afirmó que la lleva "bien", destacando la importancia del escenario como un salvavidas y una fuente de fortaleza. Relató cómo, tras recibir el diagnóstico, tuvo que recomponerse rápidamente para poder cumplir con sus funciones teatrales.
El actor enfatizó que el diagnóstico de Parkinson no define su destino y que ha trabajado en su voluntad y resiliencia para superar los obstáculos. Citó la frase "diagnóstico no es destino" y la importancia de no quedarse fijado en la enfermedad.
Romano también mencionó la necesidad de educar la voluntad y la conducta, especialmente ante una condición como el Parkinson, y criticó la gerontofobia de la sociedad que asocia la enfermedad con la vejez y la decrepitud.