Se aborda la idea de que Dios quiere que las personas coman del trabajo de sus manos, comparando la labor de un profesor que trae conocimiento con la necesidad de que el individuo trabaje y no espere poder externo, ya que el poder reside en el evangelio.
Se cita al apóstol Pablo, quien no se avergonzaba del Evangelio de Cristo porque es el poder de Dios. Se define el Evangelio como la buena nueva de lo que Dios dijo e hizo por nosotros.
Se afirma que al entender y servir al Evangelio, uno podrá comer, producir y disfrutar del trabajo realizado con sabiduría. Se recalca que Dios no ha sido deshonesto y que las personas tienen la capacidad de crecer dentro de la palabra y apropiarse de la bendición, incluso ante los peores problemas.