Se exhorta a ejercitarse en las disciplinas espirituales como armas invencibles contra los gigantes y fortalezas espirituales, advirtiendo que la pereza en estas prácticas impide vencer en las batallas espirituales.
Se critica la actitud de algunos discípulos de Jesús que mostraban pereza en las disciplinas espirituales, comparándolos con quienes prefieren el desayuno o el celular antes que la oración.
Se señala que el liderazgo efectivo a menudo implica ser una persona solitaria que se aparta para estar con Dios, como los profetas Elías y Moisés, quienes aparecían solo cuando tenían un mensaje del Señor.
Se advierte contra la competencia por el liderazgo y se aconseja servir a Dios desinteresadamente, ganando almas para Jesucristo y no para uno mismo.