Se cuestiona la actitud de Santiago del Moro y la producción de Gran Hermano, sugiriendo que se les da un trato preferencial a ciertos participantes y que las "chicas están demasiado producidas".
Se menciona la duda sobre cómo algunas concursantes logran mantener su apariencia, como el color del cabello, y se sugiere que la producción podría estar interviniendo para facilitarles ciertos cuidados, lo cual iría en contra de la dinámica del juego.
La percepción general es que el programa se ha vuelto predecible y que las acciones de la producción son evidentes, lo que resta espontaneidad y credibilidad al reality.