El cambio climático agrava la escasez de agua en Medio Oriente, disminuyendo las precipitaciones y aumentando la vulnerabilidad de las poblaciones. La falta de infraestructura adecuada en muchos países de la región exacerba la crisis hídrica.
Las plantas de desalinización se perfilan como una solución crucial, pero su implementación requiere una inversión considerable en energía y capital. Israel y los países del Golfo, con mayores recursos, lideran esta tecnología, mientras que otras naciones enfrentan una crisis hídrica presente y no solo futura debido a la carencia de estas infraestructuras.