El científico Barlin llegó a Córdoba a los 28 años, dejando atrás las dificultades en Venezuela para adquirir alimentos básicos y continuar su carrera científica. En su nuevo hogar, cambió los árboles de mango y guayaba por fincas de naranja y limón.
Barlin cree firmemente en el potencial de Venezuela, destacando la existencia de talento humano, capacidades, datos e información, a pesar de que puedan estar fragmentados o desactualizados. Sin embargo, lamenta la falta de articulación entre tecnología, datos y conocimiento científico en su país.
Su objetivo es contribuir al desarrollo agrícola mediante la inteligencia artificial, una herramienta que podría ayudar al campo a adaptarse y anticipar riesgos frente al cambio climático, tanto en Venezuela como en Latinoamérica.