El Brexit no generó el efecto dominó esperado que disolviera la Unión Europea. Por el contrario, funcionó como un mensaje disuasorio para los euroescépticos del continente, demostrando la complejidad y las dificultades inherentes a un proceso de salida de la UE.
El profesor Tamayo Gómez explica que el Brexit evidenció que abandonar la Unión Europea no es un camino fácil, sino un proceso que implica tiempo, rupturas y divisiones significativas. Esta realidad ha llevado a muchos países a reconsiderar sus posturas, generando dudas sobre el proyecto europeo en sí mismo.