Hace diez años, en junio de 2016, los británicos votaron por divorciarse de la Unión Europea en un referendo histórico. La decisión, impulsada por el entonces primer ministro David Cameron bajo presión de su partido, se dio en el contexto de la crisis migratoria europea, utilizando el temor sobre el control fronterizo como argumento.
Las zonas industriales y rurales, afectadas por la crisis económica, vieron en el voto una oportunidad para castigar al establishment de Londres. La retórica del "Global Britain" prometía independencia comercial, pero la realidad geopolítica y económica ha demostrado ser más compleja.
El segmento también explora el sentimiento de "bregret" (arrepentimiento del Brexit) entre los jóvenes británicos, quienes impulsan un acercamiento a Bruselas. Paralelamente, la ultraderecha, liderada por figuras como Nigel Farage, capitaliza el descontento popular con la política tradicional.