En 1812, Belgrano lideró el Éxodo Jujeño ante el avance realista, ordenando la estrategia de tierra arrasada para negar recursos al enemigo.
Las victorias en las Batallas de Tucumán y Salta (1812-1813), obtenidas con ejércitos improvisados y recursos mínimos contra tropas superiores, salvaron la revolución en sus momentos más críticos.
Estas victorias se debieron a la convicción de Belgrano y sus soldados, marcando una diferencia fundamental para la supervivencia del movimiento independentista.