Tras la Revolución de Mayo, Manuel Belgrano asumió el liderazgo militar a pesar de su falta de experiencia, impulsado por la convicción de que era necesario para la causa.
En 1812, a orillas del Paraná, creó la bandera argentina con telas celeste y blanca, un acto de fe que no había sido solicitado por Buenos Aires. La Junta le ordenó arriarla, pero Belgrano obedeció sin destruirla, guardándola para un momento más oportuno.