Tras una profunda crisis marcada por la pérdida de su madre, la ruptura matrimonial y su involucramiento en actividades ilícitas, Ana llegó a la Iglesia Universal a través de la televisión. Allí, a través de las reuniones de "casos imposibles", comenzó un proceso de liberación y transformación.
Ana relata que recibió el Espíritu Santo, lo que provocó un cambio radical en su vida. Logró recuperar su familia, reconciliarse con sus seres queridos y llevar la bendición a su hogar. Se presenta como una mujer transformada y bendecida, agradecida por la intervención divina que le permitió superar sus problemas y llevar la palabra de Dios a otros.