Se plantea la dicotomía entre lo "popular" y el "populismo", argumentando que el populismo se apropia de aquello que le sirve para mantenerse en el poder y lo descarta cuando deja de serle útil. Se utiliza al Papa Francisco y al movimiento LGBT como ejemplos de cómo el kirchnerismo se habría apropiado de ellos cuando le convenía y luego los habría desechado.
Se sostiene que el éxito de figuras como Messi, basado en el mérito propio, es incomprensible para el populismo, que prefiere controlar y apropiarse de los fenómenos populares. Se critica la idea de que el mérito individual es visto como una amenaza por quienes buscan el poder a través de la manipulación y el control.