Se relata la historia de las valiosas colecciones de joyas de Elizabeth Taylor y la Reina Isabel II, destacando tres piezas emblemáticas de Taylor: el diamante Taylor Barton, la Perla Peregrina y el diamante Cruz.
El diamante Cruz, de 33 quilates, perteneció a Vera Cruz, esposa de Alfred Cruz, un aliado de Hitler. Fue adquirido por Richard Burton en 1968. La Perla Peregrina, con casi cinco siglos de historia, formó parte de la realeza española y fue comprada por Felipe XVI y luego por Napoleón III. Finalmente, fue adquirida por Barton y engarzada por Cartier en un collar para Taylor, vendiéndose en subasta por 11.8 millones de dólares tras su muerte.
El diamante Taylor Barton, de 68 quilates, fue un regalo de Richard Burton a Elizabeth Taylor por 1.1 millones de dólares. Debutó en el cumpleaños de Grace Kelly y fue adaptado por Cartier para ser usado en un collar, viajando desde Estados Unidos a Mónaco con seguridad.