Se reflexiona sobre la capacidad autodestructiva de los argentinos, ejemplificada por el cambio de humor colectivo en cuestión de 48 horas. Se compara la euforia por los goles de Messi y el inicio del mundial con la posterior crispación y enfrentamiento a raíz de una fake news sobre su padre.
Se critica la polarización y la facilidad con la que se cae en la agresión verbal, incluso entre ciudadanos. Se menciona que esta "autodestrucción" es un fenómeno que requiere análisis y que se repite en diferentes contextos.