Mario Kempes evoca la final del Mundial 1978 contra la "Naranja Mecánica" de Holanda, recordando la presión y la experiencia previa de haber perdido contra ellos en mundiales anteriores.
Kempes describe la sensación de enfrentar a un equipo tan temido y la importancia de la revancha que significó esa victoria para Argentina. Menciona que, a diferencia de la final, los partidos anteriores contra Holanda fueron derrotados contundentes.
Se resalta la importancia de la mentalidad y el corazón argentino para superar a un rival tan formidable, a pesar de la supuesta superioridad técnica de Holanda. Kempes subraya que la victoria fue una dulce revancha y un momento cumbre para el fútbol argentino.