La oposición al proyecto minero de uranio en Groenlandia ha crecido, impulsada por el temor a la contaminación. Un grupo anti-uranio liderado por Abarak Benson lucha contra la explotación, argumentando que las promesas de beneficios y empleo no se materializarán y que los desechos tóxicos afectarían el medio ambiente y la economía local.
La resistencia popular ha llevado a la aprobación de una ley que prohíbe la extracción de uranio en Groenlandia, descartando la explotación del yacimiento de Kuanersuit. Esta decisión marca un punto de inflexión en el debate sobre el desarrollo de recursos naturales y la protección ambiental en la isla.