Donald Trump insiste en su deseo de anexar Groenlandia, presentándose como defensor de la autodeterminación de los groenlandeses y prometiendo riqueza. Sin embargo, figuras como el ex primer ministro Kubik Kleist rechazan la idea, calificándola de inaceptable y contraria al anhelo de independencia de la isla respecto a Dinamarca.
La población groenlandesa reaccionó con indignación ante las declaraciones de Trump, organizando manifestaciones en Nuuk. Existe un sentimiento generalizado de que no se respeta su derecho a decidir su propio futuro.
Groenlandia goza de mayor autonomía desde 2009, pero la mayoría de los partidos políticos busca la independencia total, aunque difieren en los plazos y métodos. Las palabras de Trump profundizan estas divisiones internas.