Manuel Belgrano es descrito como un hombre adelantado a su tiempo, con costumbres "metrosexuales" para la época, como el cuidado personal y el cambio diario de camisa, algo inusual para el siglo XIX.
Su encanto y buena educación lo hacían destacar en las tertulias, donde interactuaba con las mujeres, a diferencia de otros hombres que se centraban en temas de negocios. Esta particularidad, sumada a su cuidado personal, lo convertía en una figura muy atractiva.
Belgrano también promovió la educación de las mujeres, algo poco común en su tiempo, y se le atribuye haber tenido varios romances a lo largo de su vida, mostrando un lado humano y conquistador.