Se describe el Cementerio de San Juan de Salvamento, ubicado en un lugar apartado de la subprefectura en la Isla de los Estados. A pesar de su aspecto sombrío, se destaca como un sitio de paz, soledad y tranquilidad.
El texto reflexiona sobre la decisión de instalar el cementerio en esa zona, lejos de la residencia de los prefectos. Se evoca un fragmento de un diario de viaje que describe la muerte de un tripulante y la desolación del lugar, donde las únicas "oraciones" son el sonido del océano.