Karina comparte la historia de su transición de una carrera corporativa a dedicarse a la cocina, enfrentando la resistencia inicial de su madre y el apoyo de su padre.
A pesar de haber trabajado en L'Oreal y en banca de inversión, Karina sintió la vocación por la cocina. Su madre, preocupada por la estabilidad laboral, desaprobaba su elección, pero su padre, más emprendedor, la animó a seguir su pasión, argumentando que a su edad aún podía permitirse probar suerte.
La decisión de dedicarse a la cocina implicó un proceso gradual. Karina mantuvo un segundo trabajo por las noches mientras se desarrollaba en su proyecto culinario y en redes sociales. Solo cuando este segundo emprendimiento comenzó a generar mayores ingresos, decidió dar el salto definitivo, demostrando una planificación cuidadosa en lugar de una impulsividad.
Finalmente, reflexiona sobre la importancia de la disciplina inculcada por su madre, reconociendo que esta fue fundamental para el éxito de su emprendimiento culinario, a pesar de las diferencias iniciales en sus visiones sobre el futuro profesional de su hija.