Se advierte sobre la predicación de falsos evangelios que desvían del mensaje original de Cristo. Se enfatiza que el Evangelio verdadero se basa únicamente en lo que Cristo hizo y en la obra del Espíritu Santo para la transformación personal.
Se critica la mezcla de tradiciones o requisitos adicionales al mensaje de salvación, recordando que el Evangelio de Cristo es suficiente y que cualquier desviación de este debe ser rechazada.
Se reitera que el Evangelio auténtico no añade condiciones ni exige seguir prácticas ajenas a la gracia de Cristo, sino que confía en el poder transformador del Espíritu Santo para mejorar a las personas.