Se reflexiona sobre el estado actual del periodismo, señalando la falta de colegiatura como un problema que permite que "cualquiera tenga un micrófono y diga cualquier cosa". Se critica la liviandad con la que se tratan ciertos temas, especialmente cuando involucran la vida de las personas.
Se destaca que, en esta ocasión particular, el error tuvo mayor repercusión debido al perfil de la persona perjudicada y de quien difundió la información. Se hace un llamado a la responsabilidad profesional, contrastando la situación con la de otros medios que, según se sugiere, actúan con mayor rigor.
Se menciona la importancia de chequear la información con fuentes confiables antes de publicarla. La falta de un organismo regulador para la profesión periodística se presenta como un factor que contribuye a la proliferación de información no verificada y potencialmente dañina.