Se aborda el caso de Walter Bulacio, un joven de 17 años que murió en 1991 tras ser detenido ilegalmente por la policía durante un recital de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. El caso se convirtió en un símbolo de la lucha por los derechos humanos en Argentina.
Bulacio fue detenido junto a otros jóvenes por "averiguación de antecedentes", una práctica habitual en la época de la dictadura militar que luego fue declarada ilegal por la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Fue golpeado brutalmente en la comisaría y falleció una semana después en el hospital Pirovano.
El caso tuvo repercusiones internacionales, llevando a la condena del Estado Argentino por parte de la Corte Interamericana. A pesar de la condena, el principal imputado, el comisario Miguel Ángel Espósito, fue sentenciado a solo tres años de prisión, sin condena por homicidio o torturas, lo que generó controversia.