Se profundiza en el caso de Walter Bulacio, joven de 17 años víctima de detención ilegal y torturas en 1991. A pesar de la brutal golpiza sufrida, que le causó la muerte, el principal imputado, el comisario Miguel Ángel Espósito, fue condenado a solo tres años de prisión.
La sentencia, que no incluyó condena por homicidio ni torturas, ha sido criticada por considerarse una muestra de justicia tardía e insuficiente. La familia de Bulacio luchó durante años para obtener justicia, escalando el caso a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.
La Corte Interamericana condenó al Estado Argentino y ordenó un cambio jurisprudencial, estableciendo que las detenciones deben basarse en hechos concretos y no en sospechas genéricas. A pesar de esto, la condena a Espósito se limitó a la privación ilegítima de la libertad, dejando una sensación de impunidad.