El gobierno decidió remover a Manuel Adorni de su rol de vocero presidencial, designando en su lugar al diputado Adrián Javier Rabier. Esta medida busca mejorar la comunicación gubernamental y quitarle exposición a Adorni, quien enfrentaba críticas por su desempeño y por presuntas irregularidades en su patrimonio.
La decisión, comunicada a través de la cuenta de X del propio Adorni, se produce en un contexto de tensión política y de cuestionamientos a la gestión. Patricia Bullrich, entre otros, venía señalando la necesidad de cambios en la comunicación oficial, argumentando que Adorni no podía sostener argumentaciones frente a la prensa y el parlamento.
Rabier, licenciado en Economía y con un perfil cercano a las ideas libertarias de Javier Milei, asume la vocería con el objetivo de clarificar el esfuerzo de los argentinos y los resultados de la gestión. Su designación se enmarca en una estrategia para fortalecer la imagen del gobierno.
Sin embargo, la medida abre interrogantes sobre el futuro de Adorni y si este es un primer paso para un corrimiento mayor de su cargo como jefe de gabinete. Se especula que el presidente Milei podría estar buscando protegerlo o que la decisión responde a la presión de otros sectores del gabinete.
En paralelo, se discuten posibles reformas políticas, como la eliminación de las PASO, que podrían beneficiar al gobierno al fragmentar al peronismo. La reforma parlamentaria se encuentra trabada, y la figura de Adorni ha sido un obstáculo para la aprobación de proyectos clave.