Se alerta sobre las señales de adicción al juego, como la incapacidad de parar de jugar, la irritabilidad al no hacerlo, y la pérdida de interés en otras actividades.
La pérdida de dinero, la generación de deudas y la necesidad de recuperar pérdidas son indicadores de gravedad. Los vínculos afectivos se ven afectados, generando irritabilidad y distanciamiento.
Se destaca la frecuencia de la negación en estas adicciones, siendo a menudo la familia la primera en notar el problema. La recuperación es compleja y generalmente requiere asistencia profesional.