La capacidad de los actores para aislarse de los problemas personales y concentrarse en el escenario fue destacada, citando el ejemplo de Carmen al realizar una obra tras el fallecimiento de su madre.
Se enfatizó que el teatro tiene un poder liberador para los artistas. En el caso de Florencia Peña, se consideró que no hubo mala intención en su accionar, sino un error o negligencia. A pesar de los temores sobre la reacción del público, Peña recibió aplausos al finalizar la obra, demostrando que su carrera no se vio afectada.
Se subrayó que el profesionalismo de los actores les permite olvidar lo que sucede alrededor y subirse al escenario para brindar su arte. La ovación del público demostró el apoyo a su trabajo y la obra en sí.