Se enfatiza la falla sistémica en la protección de la infancia, abarcando desde el Estado hasta el ámbito familiar. Se cuestiona la justificación de actos violentos bajo el influjo de drogas o alcohol.
Se menciona la importancia de la capacitación y asistencia a padres, así como la educación sexual, como medidas preventivas para evitar que estas tragedias continúen sucediendo.
Se expresa la frustración ante la repetición de casos de violencia contra menores, y se reitera que no hay justificación para tales actos, los cuales generan profunda indignación.