Un vecino llamado Agustín se comunica telefónicamente y expresa su indignación ante los maltratos sufridos por el bebé. Afirma que, de haber presenciado la agresión, habría actuado en legítima defensa del menor.
Agustín relata experiencias propias y de conocidos en situaciones de violencia, mostrando una postura contundente contra los agresores de niños y mujeres. Manifiesta su disposición a intervenir de forma drástica ante tales actos.
Se discute la figura de la legítima defensa de terceros ante casos de violencia. Agustín compara la situación con casos como el de Lucio y Luciana, reiterando su postura de no tolerar la agresión contra los más vulnerables.