Cintia comparte su experiencia inicial de escepticismo hacia la Iglesia Universal, influenciada por comentarios negativos sobre supuestos robos y estafas. A pesar de sus prejuicios, su vida personal atravesaba dificultades económicas, de pareja y familiares, incluyendo el infarto y ACV de su padre.
Tras presenciar la recuperación de su padre, quien era ateo y fue llevado a la iglesia por un tío, Cintia decidió asistir. Experimentó una profunda paz y tranquilidad, lo que la motivó a seguir acudiendo. A diferencia de su experiencia en la iglesia católica, en la Universal sintió un interés genuino por parte de los miembros, quienes la escucharon y la orientaron. Recibió el Espíritu Santo y ahora afronta sus problemas con fortaleza, atribuyendo su realización a Dios.