Se relata la evolución de René Lalique, quien en 1916 comenzó su aprendizaje en orfebrería y estudió en la Escuela de Artes Decorativas de París. Tras un paso por Inglaterra, se convirtió en diseñador independiente para joyeros de renombre.
Lalique sostenía que "buscar la belleza es un objetivo más digno que mostrarlo mejor". Su obra se caracterizaba por el uso de materiales nobles como el esmalte, vidrio, piedras semipreciosas y marfil. Sus creaciones de colgantes, broches y collares se convirtieron en representativas del Art Nouveau y Art Decó.
Su creatividad se extendió a esculturas, lámparas y frascos de perfume, demostrando una gran maestría en la técnica del vidrio.