Un invitado relata la anécdota de haber perdido una carta escrita por el Premio Nobel de Literatura, José Saramago, quien criticaba un programa español. La carta, de gran valor sentimental y potencial económico, se extravió durante una mudanza.
Además, menciona haber recibido un libro autografiado por Saramago, el cual también se perdió o vendió, ya que prefiere que los libros sean leídos y no guardados como objetos de colección. Esta situación genera un debate sobre el valor de los objetos firmados por personalidades y la decisión de conservarlos o darles otro uso.