La extracción de oro en La Rinconada, estimada en varias toneladas anuales con un valor de cientos de millones de euros, atrae a bandas criminales, resultando en atracos, tiroteos y muertes frecuentes. Se calcula que dos personas mueren al mes en incidentes violentos.
La policía, liderada por el mayor Aranda, intenta restablecer la autoridad estatal en una zona con control casi inexistente, donde los conflictos a menudo se resuelven entre los propios habitantes. Se han incrementado las patrullas y se realizan controles de identificación a mineros y residentes.
En un operativo reciente, se descubrieron más de 500 cartuchos de dinamita y 30 sacos de nitrato de amonio, un oxidante que favorece la combustión, escondidos en una tienda. La dueña, que vendía los explosivos sin licencia, podría enfrentar hasta 10 años de prisión. La policía estima que se podría fabricar explosivo suficiente para volar por los aires todo el barrio.