Desde la neurociencia, se analiza la relación entre un tono de voz elevado y las emociones intensas, así como la influencia del entorno familiar en la crianza. Se aclara que hablar fuerte no siempre es sinónimo de agresión, pero puede malinterpretarse fácilmente.
Se destaca la dificultad de interpretar intenciones en la escritura, especialmente en mensajes de texto o WhatsApp, donde las mayúsculas o el uso excesivo de signos de exclamación pueden ser malinterpretados como gritos o agresiones.