La escena era la de una maratón interminable, con gente corriendo de todas partes del mundo, incluyendo argentinos, mexicanos y hasta un árabe, para intentar llegar al estadio. Las altas temperaturas y el esfuerzo físico eran evidentes.
A pesar del agotamiento y la desesperación, la energía de los aficionados era contagiosa. La imagen de personas corriendo bajo el sol se repetía, creando una atmósfera de película ante la inminencia del partido.