La caleta que recibió a Sotomayor y sus hombres es la misma que hoy alberga una rica biodiversidad, tanto en la costa como bajo el agua. La inmensidad de vida subacuática era prácticamente inadvertida para los exploradores europeos del siglo XVI.
Se destaca la presencia de miles de diminutos pies ambulacrales en estrellas de mar, que les permiten caminar y percibir su entorno, evidenciando la complejidad y riqueza del ecosistema marino de la región.